La proteína de la leche que se estudia en Aragón por sus beneficios intestinales

Una proteína presente de forma natural en la leche podría tener un papel relevante en la protección de la salud intestinal. Se llama lactoferrina y una investigación desarrollada desde Aragón ha aportado nuevas pistas sobre su posible efecto frente a la inflamación intestinal.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Zaragoza vinculados al Instituto Agroalimentario de Aragón, analiza cómo esta proteína puede actuar sobre el sistema de señalización de la serotonina en el intestino.

Aunque los resultados son prometedores, los propios investigadores señalan que todavía son necesarios ensayos clínicos en humanos. Por eso, la lactoferrina no debe entenderse como un tratamiento, sino como una molécula con interés científico para seguir estudiando su papel en la salud digestiva.

¿Qué es la lactoferrina?

La lactoferrina es una proteína presente en la leche y en otros fluidos del organismo. Desde hace años se investiga por sus propiedades antimicrobianas e inmunomoduladoras, es decir, por su capacidad para participar en la defensa frente a microorganismos y en la regulación del sistema inmunitario.

Ahora, la investigación aragonesa añade una nueva línea de interés: su posible relación con la inflamación intestinal.

La salud digestiva depende de muchos factores. En el intestino intervienen la microbiota, el sistema inmunitario, la absorción de nutrientes, la barrera intestinal y distintas señales químicas. Entre ellas se encuentra la serotonina, una molécula conocida sobre todo por su relación con el cerebro, pero que también tiene un papel fundamental en el sistema digestivo.

El papel de la serotonina en el intestino

Aunque suele asociarse al estado de ánimo, gran parte de la serotonina del cuerpo se produce en el intestino. Allí participa en funciones como el movimiento intestinal, la sensibilidad digestiva, la secreción y la respuesta inflamatoria.

Por eso, cuando este sistema se altera, también puede verse afectado el equilibrio intestinal.

El estudio sugiere que la lactoferrina podría ayudar a modular algunos componentes del sistema serotoninérgico intestinal en contextos de inflamación. Este hallazgo resulta especialmente interesante para comprender mejor los mecanismos que participan en enfermedades inflamatorias intestinales, como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn.

La aportación de la Universidad de Zaragoza

La investigación se ha desarrollado con participación de científicos de la Universidad de Zaragoza adscritos al Instituto Agroalimentario de Aragón, un centro mixto de la Universidad de Zaragoza y el CITA.

El trabajo forma parte de una línea centrada en estudiar cómo determinados componentes de los alimentos pueden influir en la salud digestiva. En este caso, el foco se ha puesto en la lactoferrina bovina y en su posible efecto protector sobre el intestino.

Los ensayos realizados en células intestinales y modelos animales han permitido observar que la lactoferrina aumentó la actividad del transportador de serotonina y la expresión de varios receptores relacionados con funciones digestivas e inmunitarias.

En un modelo de colitis inducida, la administración oral de lactoferrina redujo signos asociados a la inflamación, como la pérdida de peso, el sangrado y el daño en el colon. Además, ayudó a prevenir alteraciones del sistema serotoninérgico vinculadas al proceso inflamatorio.

Un posible ingrediente funcional

Estos resultados refuerzan el interés por estudiar la lactoferrina como posible ingrediente funcional. Un ingrediente funcional es aquel que, además de aportar valor nutricional, puede contribuir al buen funcionamiento del organismo.

En este caso, el interés está en su posible capacidad para ayudar a mantener el equilibrio intestinal. Sin embargo, es importante ser prudentes: los resultados proceden de estudios experimentales y todavía no permiten extraer conclusiones definitivas para su aplicación en personas.

La investigación sí aporta una base científica útil para seguir avanzando. No se limita a señalar que la lactoferrina puede ser beneficiosa, sino que propone un posible mecanismo de acción relacionado con la serotonina intestinal y la inflamación.

Una nueva vía para seguir investigando

La lactoferrina no ofrece todavía una respuesta cerrada, pero sí una pista relevante. Esta proteína de la leche podría ayudar a proteger el intestino frente a procesos inflamatorios mediante la modulación de la serotonina, una molécula clave para el equilibrio digestivo.

Queda camino por recorrer antes de hablar de aplicaciones clínicas en humanos, pero los resultados abren una vía de investigación con interés científico y nutricional.

En definitiva, este estudio demuestra que algunos componentes naturales de los alimentos pueden aportar información valiosa sobre nuestra salud. Y, en este caso, una parte importante de esa investigación se desarrolla desde Aragón.

Desde Zaragoza descubren qué comían los elefantes enanos de Sicilia

La evolución en las islas ha dado lugar a especies tan sorprendentes como el elefante enano, un animal fósil que vivió en Sicilia y que representa uno de los ejemplos más llamativos de adaptación en ambientes insulares. Ahora, una investigación liderada desde la Universidad de Zaragoza ha permitido conocer mejor qué comían estos elefantes y cómo se adaptaron a un entorno con recursos limitados.

El estudio se ha centrado en dos especies de elefantes enanos sicilianos: Palaeoloxodon falconeri y Palaeoloxodon mnaidriensis. A través del análisis del desgaste dental conservado en restos fósiles, el equipo investigador ha podido formular por primera vez una hipótesis sobre su dieta.

¿Qué comía el elefante enano de Sicilia?

La investigación revela que ambos tipos de elefante enano tenían una alimentación basada principalmente en material herbáceo abrasivo. Es decir, eran animales pastadores, más orientados al consumo de hierbas y vegetación dura que a hojas, frutos o brotes más tiernos.

Este resultado es especialmente interesante porque, en un entorno insular con menos depredadores y menos competidores, podría esperarse una dieta más selectiva o basada en vegetación más fácil de digerir. Sin embargo, los análisis indican lo contrario: estos animales consumían plantas duras y abrasivas, probablemente condicionados por las características del paisaje y por la disponibilidad de recursos.

El estudio ayuda a entender mejor cómo respondieron estas especies a las condiciones ecológicas de Sicilia durante el Pleistoceno. En el caso de Palaeoloxodon mnaidriensis, los investigadores plantean que su dieta pudo estar relacionada con la expansión de zonas de pradera. En el caso de Palaeoloxodon falconeri, se apunta a un contexto de recursos vegetales más limitados y posible sobreexplotación del entorno.

Una investigación liderada desde Zaragoza

El trabajo ha sido liderado por Flavia Strani, investigadora del grupo Extinción y Reconstrucción Paleoambiental, adscrito al Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón de la Universidad de Zaragoza. También participa el investigador Daniel DeMiguel, del IUCA-Unizar, junto a especialistas de la Universidad de Padua.

La investigación se ha publicado en la revista Papers in Palaeontology y se basa en restos fósiles conservados en el Museo de la Naturaleza y del Hombre de la Universidad de Padua.

La participación de la Universidad de Zaragoza refuerza el papel de Aragón en estudios paleontológicos de alcance internacional. En este caso, la ciencia desarrollada desde Zaragoza contribuye a reconstruir cómo vivían animales extintos en islas mediterráneas y qué relación tuvieron con los cambios ambientales de su época.

Las islas como laboratorios naturales de la evolución

Los elefantes enanos de Sicilia son un ejemplo claro de cómo las islas pueden modificar la evolución de las especies. En estos ambientes, el aislamiento geográfico, la menor presencia de depredadores y la disponibilidad limitada de recursos pueden generar cambios muy marcados en los animales que los habitan.

El elefante enano no solo destaca por su tamaño reducido en comparación con sus parientes continentales. También permite estudiar cómo una especie adapta su alimentación, su crecimiento y su relación con el entorno cuando vive en un espacio cerrado y con condiciones ecológicas muy concretas.

Por eso, este tipo de estudios no solo mira al pasado. También puede ayudar a comprender cómo responden las faunas insulares actuales ante los cambios ambientales y climáticos. Las especies que viven en islas suelen ser especialmente vulnerables a las transformaciones del ecosistema, por lo que conocer ejemplos fósiles puede aportar información muy valiosa.

¿Cómo se estudia la dieta de un animal fósil?

Una de las partes más interesantes del estudio es la metodología utilizada. Para saber qué comían estos elefantes, el equipo analizó el desgaste de sus dientes mediante técnicas de microdesgaste y mesodesgaste.

El microdesgaste permite observar marcas muy pequeñas en la superficie dental, relacionadas con los alimentos consumidos en los últimos momentos de vida del animal. El mesodesgaste, por su parte, ofrece una visión más amplia de los hábitos alimentarios a lo largo del tiempo.

Gracias a estas técnicas, los investigadores pueden diferenciar si un animal era principalmente pastador, ramoneador o si tenía una dieta mixta. En este caso, los resultados apuntan claramente a una alimentación rica en material vegetal abrasivo.

¿Qué nos enseña este hallazgo?

El estudio de la dieta del elefante enano de Sicilia permite mirar la evolución desde una perspectiva muy concreta: la alimentación. Lo que un animal come puede revelar cómo era su entorno, qué recursos tenía disponibles y qué estrategias desarrolló para sobrevivir.

En este caso, los dientes fósiles se convierten en una fuente de información clave para reconstruir la vida de una especie desaparecida. Esta forma de estudiar el pasado conecta con otras investigaciones que muestran cómo es posible viajar al pasado a través de los huesos y obtener nuevas pistas sobre la evolución de los animales.

Desde Zaragoza, esta investigación abre una nueva ventana al pasado de Sicilia y demuestra que los dientes fósiles pueden conservar información suficiente para reconstruir la vida de especies desaparecidas hace miles de años.

Desde Zaragoza descubren qué comían los elefantes enanos de Sicilia

La evolución en las islas ha dado lugar a especies tan sorprendentes como el elefante enano, un animal fósil que vivió en Sicilia y que representa uno de los ejemplos más llamativos de adaptación en ambientes insulares. Ahora, una investigación liderada desde la Universidad de Zaragoza ha permitido conocer mejor qué comían estos elefantes y cómo se adaptaron a un entorno con recursos limitados.

El estudio se ha centrado en dos especies de elefantes enanos sicilianos: Palaeoloxodon falconeri y Palaeoloxodon mnaidriensis. A través del análisis del desgaste dental conservado en restos fósiles, el equipo investigador ha podido formular por primera vez una hipótesis sobre su dieta.

¿Qué comía el elefante enano de Sicilia?

La investigación revela que ambos tipos de elefante enano tenían una alimentación basada principalmente en material herbáceo abrasivo. Es decir, eran animales pastadores, más orientados al consumo de hierbas y vegetación dura que a hojas, frutos o brotes más tiernos.

Este resultado es especialmente interesante porque, en un entorno insular con menos depredadores y menos competidores, podría esperarse una dieta más selectiva o basada en vegetación más fácil de digerir. Sin embargo, los análisis indican lo contrario: estos animales consumían plantas duras y abrasivas, probablemente condicionados por las características del paisaje y por la disponibilidad de recursos.

El estudio ayuda a entender mejor cómo respondieron estas especies a las condiciones ecológicas de Sicilia durante el Pleistoceno. En el caso de Palaeoloxodon mnaidriensis, los investigadores plantean que su dieta pudo estar relacionada con la expansión de zonas de pradera. En el caso de Palaeoloxodon falconeri, se apunta a un contexto de recursos vegetales más limitados y posible sobreexplotación del entorno.

Una investigación liderada desde Zaragoza

El trabajo ha sido liderado por Flavia Strani, investigadora del grupo Extinción y Reconstrucción Paleoambiental, adscrito al Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón de la Universidad de Zaragoza. También participa el investigador Daniel DeMiguel, del IUCA-Unizar, junto a especialistas de la Universidad de Padua.

La investigación se ha publicado en la revista Papers in Palaeontology y se basa en restos fósiles conservados en el Museo de la Naturaleza y del Hombre de la Universidad de Padua.

La participación de la Universidad de Zaragoza refuerza el papel de Aragón en estudios paleontológicos de alcance internacional. En este caso, la ciencia desarrollada desde Zaragoza contribuye a reconstruir cómo vivían animales extintos en islas mediterráneas y qué relación tuvieron con los cambios ambientales de su época.

Las islas como laboratorios naturales de la evolución

Los elefantes enanos de Sicilia son un ejemplo claro de cómo las islas pueden modificar la evolución de las especies. En estos ambientes, el aislamiento geográfico, la menor presencia de depredadores y la disponibilidad limitada de recursos pueden generar cambios muy marcados en los animales que los habitan.

El elefante enano no solo destaca por su tamaño reducido en comparación con sus parientes continentales. También permite estudiar cómo una especie adapta su alimentación, su crecimiento y su relación con el entorno cuando vive en un espacio cerrado y con condiciones ecológicas muy concretas.

Por eso, este tipo de estudios no solo mira al pasado. También puede ayudar a comprender cómo responden las faunas insulares actuales ante los cambios ambientales y climáticos. Las especies que viven en islas suelen ser especialmente vulnerables a las transformaciones del ecosistema, por lo que conocer ejemplos fósiles puede aportar información muy valiosa.

¿Cómo se estudia la dieta de un animal fósil?

Una de las partes más interesantes del estudio es la metodología utilizada. Para saber qué comían estos elefantes, el equipo analizó el desgaste de sus dientes mediante técnicas de microdesgaste y mesodesgaste.

El microdesgaste permite observar marcas muy pequeñas en la superficie dental, relacionadas con los alimentos consumidos en los últimos momentos de vida del animal. El mesodesgaste, por su parte, ofrece una visión más amplia de los hábitos alimentarios a lo largo del tiempo.

Gracias a estas técnicas, los investigadores pueden diferenciar si un animal era principalmente pastador, ramoneador o si tenía una dieta mixta. En este caso, los resultados apuntan claramente a una alimentación rica en material vegetal abrasivo.

¿Qué nos enseña este hallazgo?

El estudio de la dieta del elefante enano de Sicilia permite mirar la evolución desde una perspectiva muy concreta: la alimentación. Lo que un animal come puede revelar cómo era su entorno, qué recursos tenía disponibles y qué estrategias desarrolló para sobrevivir.

En este caso, los dientes fósiles se convierten en una fuente de información clave para reconstruir la vida de una especie desaparecida. Esta forma de estudiar el pasado conecta con otras investigaciones que muestran cómo es posible viajar al pasado a través de los huesos y obtener nuevas pistas sobre la evolución de los animales.

Desde Zaragoza, esta investigación abre una nueva ventana al pasado de Sicilia y demuestra que los dientes fósiles pueden conservar información suficiente para reconstruir la vida de especies desaparecidas hace miles de años.

¿Sabías que Zaragoza también puede leerse a través de sus barrios?

Las ciudades no solo se entienden por sus calles, plazas o edificios. También pueden leerse a través de la forma en la que se distribuyen sus viviendas, sus barrios y las personas que los habitan. En ese punto se sitúa el proyecto Diversidad espacial, una iniciativa vinculada a la Universidad de Zaragoza que permite observar la ciudad desde una perspectiva diferente.

A través de una plataforma web con cartografía interactiva, este proyecto ayuda a explorar cómo se manifiesta la diversidad en los hogares y barrios de ciudades como Zaragoza, Madrid y Barcelona. Su objetivo es mostrar una realidad que muchas veces pasa desapercibida: la ciudad no es homogénea, sino que está formada por espacios con características muy distintas.

Urbanismo para entender mejor la ciudad

El urbanismo no solo se ocupa de diseñar calles, edificios o espacios públicos. También ayuda a comprender cómo se organiza la vida dentro de una ciudad y qué diferencias existen entre unas zonas y otras.

En el caso de Zaragoza, analizar la diversidad espacial permite observar cómo se distribuyen determinados rasgos urbanos y residenciales. Esto puede incluir aspectos relacionados con los tipos de vivienda, la estructura de los hogares o las características de cada barrio.

La importancia de este tipo de proyectos está en que convierten los datos urbanos en información visual y accesible. Gracias a los mapas, resulta más sencillo detectar patrones, contrastes y diferencias que no siempre son evidentes a simple vista.

Una diversidad que muchas veces no se ve

Cuando pensamos en diversidad urbana, solemos imaginar diferencias sociales, culturales o económicas. Sin embargo, la diversidad también puede encontrarse en la propia forma de los hogares y en la configuración de los barrios.

Hay zonas con viviendas más antiguas, otras con edificios más recientes, barrios con mayor densidad residencial y áreas con estructuras urbanas muy diferentes. Todas estas características influyen en la manera en la que se vive la ciudad.

El proyecto Diversidad espacial permite acercarse a esa realidad mediante el análisis de datos y la visualización cartográfica. Así, el mapa se convierte en una herramienta para comprender mejor cómo está construida la ciudad y cómo se distribuyen sus diferencias internas.

Zaragoza vista barrio a barrio

Zaragoza es una ciudad con barrios muy distintos entre sí. Cada zona tiene su propia historia, su forma urbana y sus dinámicas residenciales. Por eso, analizar la ciudad desde sus barrios permite obtener una visión más precisa que si solo se observa el conjunto urbano de forma general.

Este enfoque ayuda a entender que la ciudad no funciona como un bloque uniforme. Lo que ocurre en un barrio puede ser muy diferente de lo que sucede en otro, incluso dentro de la misma ciudad. Esa lectura más detallada es clave para estudiar cuestiones relacionadas con vivienda, planificación urbana, accesibilidad o transformación de los espacios residenciales.

Desde esta perspectiva, el urbanismo se convierte en una herramienta para interpretar la ciudad con más profundidad.

Datos, mapas y ciencia urbana

Una de las claves del proyecto es el uso de datos abiertos y herramientas de análisis espacial. Esta combinación permite trabajar con grandes volúmenes de información y transformarlos en mapas comprensibles para la ciudadanía, investigadores y profesionales del ámbito urbano.

El valor de este tipo de plataformas está en que hacen visible información compleja. No se trata solo de acumular datos, sino de representarlos de una forma que permita comparar zonas, detectar patrones y plantear nuevas preguntas sobre la ciudad.

En este sentido, la investigación urbana desarrollada desde la Universidad de Zaragoza conecta el urbanismo con la ciencia de datos, la cartografía y el análisis territorial.

Una nueva forma de mirar Zaragoza

El proyecto demuestra que una ciudad puede leerse de muchas maneras. Zaragoza puede entenderse desde sus monumentos, desde su historia, desde sus calles o desde sus barrios. Pero también puede analizarse a través de los datos que muestran cómo se organiza su diversidad interna.

Esta mirada permite comprender mejor la complejidad urbana y aporta herramientas útiles para estudiar el presente y futuro de las ciudades.

Preguntas frecuentes sobre urbanismo y diversidad espacial

¿Por qué el urbanismo actual necesita analizar la diversidad dentro de los barrios?

Porque una ciudad no se puede entender solo a partir de sus grandes avenidas, equipamientos o zonas más visibles. Los barrios concentran diferencias en el tipo de vivienda, la densidad, la antigüedad de los edificios, la composición de los hogares y la forma en la que se organiza la vida cotidiana. Analizar esa diversidad permite obtener una lectura más precisa de la ciudad y detectar realidades que pueden quedar ocultas en los datos generales.

¿Qué diferencia hay entre estudiar una ciudad completa y analizarla barrio a barrio?

Cuando se estudia una ciudad en conjunto, muchos contrastes internos pueden diluirse. En cambio, el análisis barrio a barrio permite observar diferencias concretas entre zonas que forman parte de la misma ciudad, pero que presentan características urbanas muy distintas. Esta escala de análisis es importante para comprender mejor cómo se distribuyen los recursos, las viviendas y las dinámicas residenciales.

¿Por qué los datos abiertos son útiles para estudiar la ciudad?

Los datos abiertos permiten acceder a información pública que puede transformarse en conocimiento urbano. En proyectos como este, fuentes como el Catastro ayudan a analizar características de los hogares y edificios. Al combinar estos datos con herramientas de análisis espacial, es posible generar mapas que muestran patrones y diferencias que no siempre son visibles a simple vista.

¿Cómo puede influir este tipo de investigación en la planificación urbana?

Aunque el proyecto tiene un enfoque de análisis y divulgación, este tipo de investigación puede aportar información útil para futuras decisiones urbanas. Conocer mejor cómo se distribuye la diversidad en barrios y hogares puede ayudar a plantear políticas de vivienda, rehabilitación, accesibilidad o transformación urbana más ajustadas a la realidad de cada zona.

El nuevo dinosaurio herbívoro estudiado desde Aragón

Un nuevo dinosaurio herbívoro hallado en Portugal está ayudando a ampliar lo que se sabía sobre la diversidad de los ecosistemas del Jurásico en la península ibérica. El estudio, en el que participan paleontólogos del grupo Aragosaurus-IUCA de la Universidad de Zaragoza, analiza los fósiles de un gran dinosaurio que vivió hace unos 148 millones de años.

El hallazgo es importante porque confirma que los dinosaurios herbívoros del Jurásico ibérico eran más diversos de lo que se pensaba. Según la Universidad de Zaragoza, se trata de una nueva especie de dinosaurio iguanodóntido desconocida hasta ahora y uno de los mayores herbívoros bípedos conocidos en los ecosistemas jurásicos portugueses.

Un hallazgo que amplía el mapa de los dinosaurios herbívoros

El nuevo dinosaurio procede de la Cuenca Lusitánica, una zona de Portugal con un patrimonio paleontológico muy relevante. Allí se han encontrado fósiles que permiten conocer mejor cómo eran los ecosistemas del Jurásico Superior y qué animales habitaban esta parte de Europa.

El estudio se basa en el ejemplar SHN.JJS.015, conservado en la Sociedade de História Natural de Torres Vedras. Tras analizar el material, el equipo investigador ha identificado que pertenece al grupo de los iguanodóntidos, unos dinosaurios herbívoros relacionados con grandes ornitópodos. Lo más relevante es que sus características no coinciden con ninguna especie descrita previamente, por lo que estaríamos ante una nueva especie.

Este tipo de descubrimientos demuestra que todavía quedan muchas piezas por encajar en la historia de los dinosaurios europeos. Incluso en zonas ya estudiadas, nuevos fósiles pueden cambiar la interpretación de los ecosistemas antiguos.

La participación de Zaragoza en la investigación

La investigación ha sido realizada por la NOVA School of Science and Technology en colaboración con la Universidad de Zaragoza, y también han participado instituciones portuguesas como la Sociedade de História Natural de Torres Vedras, el Museu da Lourinhã y la Universidade de Lisboa. Además, el equipo contó con la colaboración de la UNED y del Royal Belgian Institute of Natural Sciences.

Desde Aragón, la participación del grupo Aragosaurus-IUCA refuerza el papel de la Universidad de Zaragoza en estudios paleontológicos de alcance internacional. Aunque el fósil procede de Portugal, su análisis conecta a investigadores de distintos países y muestra cómo la ciencia aragonesa contribuye a comprender mejor la evolución de los dinosaurios en Europa.

¿Cómo era este dinosaurio herbívoro?

Aunque todavía no cuenta con un nombre científico formal, la Universidad de Zaragoza señala que este dinosaurio herbívoro destacaba por su tamaño. Los investigadores lo describen como un animal especialmente voluminoso si se compara con otros iguanodóntidos conocidos del Jurásico Superior portugués.

Además del ejemplar principal, se han localizado otros restos fósiles en yacimientos cercanos, entre ellos fémures aislados de menor tamaño. Esto sugiere que este tipo de dinosaurios pudieron ser relativamente comunes en Portugal durante el Jurásico Superior y que existían individuos de diferentes edades dentro de esos ecosistemas.

La información es valiosa porque permite conocer no solo una especie concreta, sino también cómo se organizaba la fauna de aquel momento. Saber qué herbívoros vivían en una zona ayuda a reconstruir la cadena ecológica, la vegetación disponible y las relaciones entre animales dentro de un mismo territorio.

¿Qué aporta este descubrimiento al Jurásico ibérico?

El hallazgo confirma que la península ibérica tuvo un papel importante en la evolución y distribución de los dinosaurios durante el Jurásico. Este dinosaurio presenta similitudes con iguanodontios encontrados en América del Norte y otras zonas de Europa, lo que abre nuevas preguntas sobre los intercambios faunísticos entre continentes.

Esto significa que el estudio de un dinosaurio herbívoro no solo sirve para añadir una especie nueva al registro fósil. También ayuda a comprender cómo se movían, evolucionaban y se diversificaban estos animales en un momento en el que los ecosistemas europeos estaban conectados de formas que la ciencia todavía está investigando.

Un dinosaurio que amplía la historia del Jurásico ibérico

Este descubrimiento demuestra que los fósiles siguen siendo una fuente esencial para reconstruir la historia de la vida en la Tierra. Cada nuevo resto puede aportar información sobre especies desconocidas, ecosistemas antiguos y procesos evolutivos que ocurrieron hace millones de años.

Desde Aragón, la participación de la Universidad de Zaragoza en este estudio contribuye a ampliar el conocimiento sobre los dinosaurios del Jurásico ibérico. El nuevo dinosaurio herbívoro hallado en Portugal no solo confirma la riqueza de aquellos ecosistemas, sino que también recuerda que la paleontología sigue encontrando respuestas en lugares donde aún quedan muchas preguntas por resolver.

Desde Aragón, la genética vegetal que ayuda a entender mejor los cereales

La genética vegetal es una herramienta clave para conocer mejor las plantas que forman parte de nuestra alimentación, de los sistemas agrarios y de los ecosistemas naturales. A través del estudio de sus genomas, la ciencia puede analizar cómo evolucionan, cómo se adaptan a diferentes condiciones ambientales y qué características pueden ser útiles para el futuro de la agricultura.

En Aragón, esta línea de investigación tiene un punto destacado en el Campus de Huesca de la Universidad de Zaragoza, donde el grupo científico Bioflora lleva décadas trabajando en genética y genómica vegetal. Sus estudios se centran especialmente en las gramíneas, una familia de plantas de enorme importancia para el ser humano porque incluye cereales, forrajes y pastos.

Un nuevo impulso para la investigación vegetal en Huesca

Los estudios de genética y genómica vegetal desarrollados desde Huesca han recibido un nuevo impulso gracias a la financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación y a la renovación de la colaboración con el Joint Genome Institute de Berkeley, en Estados Unidos.

Estos apoyos permitirán reforzar el trabajo del grupo Bioflora, liderado por la catedrática de Botánica Pilar Catalán, y avanzar en nuevas investigaciones sobre distintos géneros y especies de gramíneas. Este tipo de plantas tiene un papel esencial en la alimentación humana y animal, pero también en la conservación de ecosistemas y en la adaptación de los sistemas agrarios a nuevos retos ambientales.

La importancia de esta línea de trabajo está en que estudiar el ADN de las plantas permite ir mucho más allá de su apariencia. La genética vegetal ayuda a entender sus relaciones evolutivas, su capacidad de adaptación y su posible utilidad en contextos como el cambio climático, la mejora de cultivos o la gestión de la biodiversidad.

¿Por qué las gramíneas son tan importantes?

Las gramíneas forman una de las familias vegetales más relevantes del planeta. A ella pertenecen cultivos tan conocidos como el trigo, el arroz, el maíz, la cebada o la avena, además de muchas especies utilizadas como pastos y forrajes.

Por eso, investigar su genética tiene interés científico, agrícola y ambiental. Comprender cómo se han diversificado estas plantas y qué características les permiten adaptarse a distintos entornos puede ayudar a diseñar estrategias más eficaces para conservar recursos vegetales y mejorar cultivos de interés.

Desde el Campus de Huesca, el grupo Bioflora trabaja en esa dirección: estudiar la evolución, la diversidad y la estructura genética de las gramíneas para generar conocimiento útil tanto para la ciencia básica como para futuras aplicaciones en agricultura.

Genética vegetal y agricultura de futuro

La genética vegetal también puede aportar respuestas a algunos de los grandes desafíos del sector agroalimentario. La sequía, los cambios de temperatura, la aparición de nuevas plagas o la necesidad de producir de forma más sostenible hacen que conocer mejor las plantas sea cada vez más importante.

En este contexto, las investigaciones sobre cereales, forrajes y pastos permiten analizar qué especies o variedades pueden adaptarse mejor a condiciones cambiantes. No se trata únicamente de producir más, sino de comprender qué recursos genéticos pueden ayudar a construir sistemas agrarios más resistentes y sostenibles.

Además, el estudio de las gramíneas puede servir como base para investigaciones futuras relacionadas con la mejora vegetal, la conservación de biodiversidad y el uso eficiente de recursos naturales.

Ciencia aragonesa conectada con redes internacionales

Uno de los aspectos más relevantes de esta noticia es la conexión entre la investigación desarrollada en Huesca y centros científicos internacionales. La colaboración con el Joint Genome Institute permite acceder a capacidades avanzadas de secuenciación genética, fundamentales para estudiar con precisión el genoma de las plantas.

Esta dimensión internacional refuerza el papel del Campus de Huesca como espacio de investigación especializado en biología vegetal. Aunque el trabajo se desarrolla desde Aragón, sus resultados pueden contribuir a preguntas científicas de alcance global: cómo evolucionan las plantas, cómo se adaptan y qué papel pueden tener en la agricultura del futuro.

Huesca como referencia en estudios de gramíneas

El impulso a estos estudios confirma la trayectoria del Campus de Huesca en investigación vegetal. El trabajo del grupo Bioflora muestra cómo desde Aragón se puede generar conocimiento especializado en un campo estratégico para la alimentación, la biodiversidad y la sostenibilidad.

La genética vegetal permite mirar los cereales y las gramíneas desde una perspectiva nueva. Detrás de cada planta hay una historia evolutiva, una capacidad de adaptación y un potencial científico que puede ser clave para responder a los retos del futuro.

Desde Huesca, esta investigación ayuda a entender mejor plantas que forman parte de la vida cotidiana y del sistema agroalimentario. Una muestra de cómo la ciencia aragonesa puede contribuir a conocer, conservar y aprovechar mejor la diversidad vegetal.

¿Sabías que desde Aragón se ha estudiado un “reptil bacalao”?

Hace más de 190 millones de años, los mares del Jurásico estaban habitados por reptiles marinos capaces de nadar a gran velocidad y adaptados a la vida en el océano. Entre ellos se encontraban los ictiosaurios, animales prehistóricos con cuerpo hidrodinámico que recuerdan, en parte, a los delfines actuales, aunque no estaban emparentados con ellos.

Una investigación internacional con participación de la Universidad de Zaragoza ha descrito una nueva especie de ictiosaurio descubierta en la costa atlántica de Portugal. El hallazgo ha llamado especialmente la atención por su nombre: Gadusaurus aqualignues, una denominación inspirada en el bacalao, uno de los símbolos de la gastronomía portuguesa.

Un reptil marino con un nombre muy curioso

El fósil estudiado corresponde a un ictiosaurio del Jurásico Inferior y destaca por su buena conservación. Aunque se trata de un animal prehistórico, su nombre tiene una conexión muy actual: Gadus hace referencia al bacalao en latín, debido a algunas similitudes morfológicas y como homenaje al lugar donde fue hallado.

Este detalle convierte al descubrimiento en una noticia especialmente curiosa. No todos los días se identifica una nueva especie marina del Jurásico con un nombre tan reconocible para el público general. Sin embargo, más allá de la anécdota, el hallazgo tiene un gran valor científico.

El nuevo ictiosaurio aporta información sobre la diversidad de reptiles marinos que vivieron en el Atlántico ibérico hace millones de años. También ayuda a entender mejor cómo eran los ecosistemas marinos del Jurásico y qué tipo de depredadores los habitaban.

¿Qué eran los ictiosaurios?

Los ictiosaurios fueron reptiles marinos que vivieron durante la era Mesozoica. Su cuerpo estaba adaptado a la natación, con formas alargadas, extremidades transformadas en aletas y una anatomía preparada para moverse con eficacia en el agua.

Aunque muchas veces se comparan con delfines por su aspecto, los ictiosaurios no eran mamíferos, sino reptiles. Este parecido se debe a un fenómeno evolutivo conocido como convergencia evolutiva: especies no emparentadas desarrollan formas similares porque se adaptan a ambientes parecidos.

En el caso de Gadusaurus aqualignues, el estudio permite ampliar el conocimiento sobre un grupo concreto de ictiosaurios avanzados, caracterizados por su capacidad para nadar rápido y bucear en profundidad.

La participación desde Aragón

La investigación cuenta con participación de especialistas vinculados al grupo Aragosaurus-IUCA de la Universidad de Zaragoza. Aunque el fósil fue hallado en Portugal, el estudio demuestra cómo la ciencia aragonesa participa en proyectos internacionales que ayudan a reconstruir la historia de la vida en la Tierra.

Este tipo de colaboración es habitual en paleontología. Los fósiles pueden aparecer en un territorio concreto, pero su análisis requiere equipos especializados, comparación con otros hallazgos y una mirada científica amplia. En este caso, la participación desde Zaragoza contribuye a situar el descubrimiento dentro del registro de reptiles marinos del Jurásico.

¿Por qué importa este hallazgo?

La nueva especie es relevante porque se considera el primer ictiosaurio nombrado en la península ibérica. Esto refuerza la importancia paleontológica de la costa jurásica portuguesa y aporta nuevas pistas sobre los ecosistemas marinos que existieron en esta zona del Atlántico hace más de 190 millones de años.

Durante el Jurásico Inferior, la región donde apareció el fósil estaba cubierta por el mar. Aquel entorno ofrecía condiciones favorables para depredadores marinos como los ictiosaurios, que ocupaban un papel importante dentro de la cadena alimentaria.

Cada nuevo fósil permite completar una parte de ese escenario. En este caso, el reptil bacalao ayuda a conocer mejor la diversidad de especies que vivieron en aquellos mares y cómo se relacionaban con otros reptiles marinos conocidos.

Una ventana al mar jurásico desde Zaragoza

Este hallazgo muestra que la paleontología no solo permite estudiar dinosaurios terrestres o grandes fósiles continentales. También ayuda a reconstruir antiguos océanos, especies marinas y ecosistemas desaparecidos.

Desde Aragón, la participación de la Universidad de Zaragoza en el estudio de este ictiosaurio contribuye a ampliar el conocimiento sobre el patrimonio paleontológico ibérico. El reptil bacalao es una especie nueva, pero también una pista más para entender cómo era la vida marina hace millones de años.

Y quizá esa sea la parte más interesante: un fósil encontrado en Portugal, estudiado con participación aragonesa, puede ayudarnos a mirar de nuevo los mares del Jurásico y descubrir que todavía quedan muchas especies por conocer.

Preguntas frecuentes sobre ictiosaurios

¿Qué diferencia hay entre un ictiosaurio y un dinosaurio?

Aunque vivieron en la misma era, los ictiosaurios no eran dinosaurios. Los dinosaurios eran principalmente animales terrestres, mientras que los ictiosaurios eran reptiles completamente adaptados a la vida marina. Su cuerpo evolucionó para nadar con eficacia, de forma similar a los delfines actuales.

¿Por qué es importante descubrir una nueva especie de ictiosaurio en la península ibérica?

Porque ayuda a completar el mapa de la biodiversidad marina del Jurásico. Cada nueva especie permite conocer mejor qué reptiles habitaban los antiguos mares, cómo se distribuían y qué papel ocupaban dentro de los ecosistemas marinos de hace millones de años.

¿Qué aporta el nombre reptil bacalao al interés científico del hallazgo?

El nombre facilita que el descubrimiento resulte más cercano y memorable, pero no resta valor científico al estudio. Detrás de esa denominación hay un trabajo paleontológico que permite describir una nueva especie y situarla dentro de la evolución de los ictiosaurios.

¿Por qué los ictiosaurios se parecen a los delfines si no están emparentados?

Es un ejemplo de convergencia evolutiva. Animales de grupos distintos pueden desarrollar formas parecidas cuando se adaptan a entornos similares. En este caso, tanto ictiosaurios como delfines evolucionaron hacia cuerpos hidrodinámicos porque vivían y se desplazaban en el agua.

¿Qué información puede aportar un fósil marino sobre el Jurásico?

Un fósil marino permite reconstruir antiguos ecosistemas: qué especies vivían en ellos, qué relaciones existían entre depredadores y presas, cómo eran los mares de la época y cómo evolucionaron los animales adaptados a la vida oceánica.

Desde Zaragoza, nuevas pistas sobre los primeros humanos en Europa

La historia de los primeros humanos en Europa acaba de sumar una pieza clave. Un fragmento facial descubierto en el yacimiento de la Sima del Elefante, en la Sierra de Atapuerca, ha permitido revisar lo que se sabía hasta ahora sobre las primeras poblaciones humanas que llegaron al continente.

El hallazgo, catalogado como ATE7-1, fue descubierto en 2022 y tiene una antigüedad estimada de entre 1,1 y 1,4 millones de años. Según la información publicada por la Universidad de Zaragoza, se trata de la cara humana más antigua conocida en Europa occidental y ha sido atribuida de forma provisional a Homo affinis erectus.

Un fósil que cambia el relato del poblamiento europeo

Durante años, Atapuerca ha sido uno de los grandes referentes internacionales para estudiar la evolución humana. Este nuevo fragmento facial vuelve a situar el yacimiento en el centro de la investigación sobre los primeros humanos europeos.

La importancia del descubrimiento está en que ATE7-1 es más antiguo que los restos de Homo antecessor, una especie hallada en la Gran Dolina y datada en torno a 860.000 años. Esto sugiere que Europa occidental pudo haber recibido una oleada migratoria anterior a la de Homo antecessor.

En otras palabras, el hallazgo no solo añade un nuevo fósil al registro arqueológico. También obliga a revisar cómo y cuándo llegaron los primeros grupos humanos al continente europeo.

La participación de la Universidad de Zaragoza

La investigación ha sido liderada por equipos del IPHES-CERCA y la Universitat Rovira i Virgili, con la participación de numerosas instituciones nacionales e internacionales. Entre ellas se encuentra el grupo Aragosaurus-IUCA, liderado por José Ignacio Canudo, de la Universidad de Zaragoza.

Desde Zaragoza, la aportación se ha centrado en la recuperación y estudio de pequeños vertebrados fósiles conservados en los niveles sedimentarios de las cuevas de Atapuerca. Este trabajo ha sido clave para reconstruir el entorno en el que vivieron aquellos homininos.

Las investigadoras Carmen Núñez Lahuerta y Julia Galán García, formadas en Geología en la Universidad de Zaragoza y vinculadas al grupo Aragosaurus-IUCA, participaron en el estudio de estos restos. Gracias a ese análisis, se ha podido inferir que el paisaje de la Sierra de Atapuerca en aquel momento combinaba bosque abierto húmedo, praderas y cursos de agua cercanos.

¿Qué nos dice este hallazgo sobre los primeros humanos?

El estudio de ATE7-1 ayuda a comprender mejor cómo eran los primeros humanos que habitaron Europa occidental. El fragmento facial presenta rasgos más primitivos que los de Homo antecessor, especialmente en la estructura nasal, lo que lo acerca a formas relacionadas con Homo erectus.

Sin embargo, los investigadores señalan que la evidencia no es suficiente para una clasificación definitiva. Por eso, el fósil se ha asignado de forma provisional a Homo affinis erectus, una denominación que reconoce su parecido con Homo erectus pero deja abierta la posibilidad de que pertenezca a otra población aún no documentada.

Además del fósil humano, el nivel TE7 de la Sima del Elefante ha proporcionado herramientas de piedra y restos de fauna con marcas de corte. Esto indica que aquellos grupos conocían los recursos animales disponibles y eran capaces de aprovecharlos mediante tecnología lítica sencilla, pero eficaz.

Atapuerca y las nuevas preguntas sobre Europa

Este descubrimiento refuerza la idea de que el poblamiento humano de Europa fue más complejo de lo que se pensaba. La presencia de diferentes poblaciones de homininos durante el Pleistoceno inferior sugiere que Europa occidental pudo ser escenario de varias oleadas migratorias y no de una única llegada.

Para la ciencia, cada nuevo fósil de Atapuerca no solo aporta una respuesta, sino que abre nuevas preguntas. ¿Cuántas poblaciones humanas llegaron al continente? ¿Cómo se adaptaron a los paisajes europeos? ¿Qué relación tuvieron con otras especies humanas posteriores?

La participación de investigadores vinculados a Zaragoza permite conectar la investigación aragonesa con uno de los grandes debates de la paleoantropología europea: el origen, la diversidad y la adaptación de los primeros pobladores del continente.

Una nueva pieza para entender nuestros orígenes

El hallazgo de ATE7-1 confirma que Atapuerca sigue siendo un lugar esencial para entender la evolución humana. Su valor no está solo en la antigüedad del fósil, sino en la información que ofrece sobre una etapa todavía poco conocida de nuestra historia.

Desde Zaragoza, el trabajo del grupo Aragosaurus-IUCA ayuda a reconstruir el paisaje, la fauna y las condiciones ambientales en las que vivieron aquellos primeros humanos. Esa información es fundamental para comprender no solo quiénes eran, sino también cómo lograron sobrevivir en Europa hace más de un millón de años.

En definitiva, esta investigación demuestra que el pasado humano aún guarda muchas pistas por descubrir. Y algunas de ellas, aunque aparezcan en Atapuerca, también se interpretan gracias al conocimiento científico desarrollado desde Aragón.

Aragón abre nuevas oportunidades para startups y empresas innovadoras en 2026

El ecosistema emprendedor aragonés cuenta en 2026 con una completa agenda de eventos tecnológicos, foros de inversión y encuentros internacionales dirigidos a startups, empresas innovadoras y proyectos con potencial de crecimiento.

El Gobierno de Aragón, junto al Instituto Aragonés de Fomento (IAF), CEEI Aragón y Aragón Exterior (AREX)

Ha reunido en una guía las principales citas en las que las compañías aragonesas podrán ganar visibilidad, conectar con inversores, acceder a nuevas oportunidades de negocio y reforzar su presencia en mercados nacionales e internacionales.

La programación incluye 10 eventos repartidos en 8 ciudades

Con citas clave del panorama emprendedor y tecnológico como 4YFN en Barcelona, South Summit en Madrid, VivaTech París, Web Summit Lisboa, DES Málaga, VDS — Venture Day Spain o Foro Transfiere.

Estos encuentros están pensados para facilitar la participación de startups aragonesas en espacios de innovación, transferencia tecnológica, digitalización, financiación e internacionalización. Cada evento cuenta con el apoyo o la coordinación de distintos organismos aragoneses, en función de su especialización y objetivos.

Eventos orientados a la búsqueda de inversión

Entre las oportunidades destacan eventos orientados a la búsqueda de inversión, como South Summit, Al Andalus Foro Inversión o VDS; encuentros internacionales para startups tecnológicas con vocación global, como VivaTech París o Web Summit; y foros centrados en la conexión entre investigación, empresa e innovación, como Science for Industry o Foro Transfiere.

Las empresas interesadas pueden consultar la guía completa y contactar directamente con el organismo coordinador de cada actividad para conocer plazos, requisitos, condiciones de participación y modalidades de apoyo.

Con esta agenda, Aragón refuerza su apuesta por el emprendimiento innovador, la transferencia de conocimiento y la proyección exterior de sus startups. Puedes verlo en el siguiente enlace: https://aragoninvestiga.es/wp-content/uploads/2026/05/startups_2026_web_DEFINITIVA.pdf

Investigadores de zaragoza descubren la estela olvidada con nuevas pistas sobre los romanos en la Celtiberia

Una pieza olvidada durante décadas puede cambiar la forma de mirar al pasado. Es lo que ha ocurrido con una estela funeraria romana procedente de Borobia, en Soria, cuyo estudio ha aportado nuevos datos sobre la presencia del ejército romano en la Celtiberia a comienzos de la época imperial.

La investigación ha sido realizada por Borja Díaz Ariño, del Instituto de Patrimonio y Humanidades de la Universidad de Zaragoza , junto a la arqueóloga Marta Chordá Pérez y el historiador Alberto Jiménez Carrera. El trabajo analiza una estela inédita que llevaba más de 40 años olvidada en una nave agrícola y que fue redescubierta recientemente en Borobia.

Una estela olvidada que vuelve a hablar

La pieza procede del yacimiento de La Cerrada, en Borobia. Se trata de una estela funeraria de grandes dimensiones, elaborada en piedra arenisca, que pertenecía a la tumba de un padre y un hijo: Sempronio Aninio y Sempronio Ambato.

La parte superior de la estela, decorada con relieves de guerreros a caballo, se conservaba desde los años 70 en el Museo Numantino de Soria. Sin embargo, la parte inferior, con inscripciones en ambas caras, permaneció olvidada durante décadas dentro de una nave agrícola. Su recuperación ha permitido completar el estudio de la pieza y aportar una lectura más precisa de su significado histórico.

Investigación desde Zaragoza para entender la Hispania romana

El análisis de esta estela muestra cómo la investigación desarrollada desde Zaragoza puede aportar conocimiento sobre episodios clave de la historia antigua. A través de una pieza funeraria, los investigadores han podido conectar arqueología, epigrafía, historia militar y memoria social.

El estudio, titulado Los guerreros de Borobia. Una nueva estela opistógrafa latina procedente de la provincia de Soria, ha sido publicado en la revista Archivo Español de Arqueología.

¿Qué revela sobre el ejército romano?

El interés de esta estela no está solo en su conservación, sino en la información que ofrece sobre la relación entre las poblaciones indígenas y el ejército romano. La presencia de jinetes armados en la pieza sugiere que los dos personajes representados pudieron estar vinculados a tropas auxiliares indígenas al servicio de Roma.

Este dato resulta especialmente interesante porque ayuda a comprender cómo se integraron algunos grupos celtibéricos dentro de la estructura militar romana. En los primeros momentos del Imperio, Roma incorporó tropas procedentes de distintos territorios, y la caballería indígena tuvo un papel relevante en ese proceso.

La estela permite ver esa transición cultural: nombres latinos, iconografía militar y memoria funeraria se combinan en una pieza que habla tanto del mundo romano como de las élites locales celtibéricas.

Celtiberia, romanización y memoria familiar

El estudio también aporta nuevas claves sobre la Celtiberia a comienzos de la época imperial. La pieza no solo conmemora a dos personas, sino que muestra cómo determinadas familias locales expresaban su identidad, su estatus y su relación con el poder romano.

Las estelas funerarias eran mucho más que simples marcadores de una tumba. En muchos casos, funcionaban como mensajes públicos: recordaban quién había sido el difunto, qué posición ocupaba y qué valores quería transmitir su familia.

En este caso, la representación de jinetes armados refuerza la idea de una identidad vinculada al prestigio militar. El ejército romano aparece así como un elemento fundamental para entender la posición social de algunas comunidades indígenas en proceso de romanización.

Una posible pista sobre la ciudad celtibérica de Virovia

Además de aportar información sobre las tropas auxiliares, el hallazgo podría ayudar a localizar la antigua ciudad celtibérica de Virovia. Hasta ahora, esta ciudad era conocida principalmente por sus acuñaciones monetales, pero la estela sugiere que pudo situarse en las inmediaciones del actual casco urbano de Borobia.

Este punto abre una línea de investigación muy relevante. Si se confirma la relación entre la pieza, el entorno arqueológico y las monedas conocidas, Borobia podría ofrecer nuevas respuestas sobre la organización territorial de la Celtiberia y su integración en el mundo romano.

Una pieza pequeña para una historia mayor

Este descubrimiento recuerda que el pasado no siempre aparece en grandes monumentos. A veces, una pieza olvidada en una nave agrícola puede ofrecer información clave sobre la presencia del ejército romano, la vida de las comunidades celtibéricas y los procesos de romanización.

Desde Zaragoza, el estudio de esta estela inédita permite mirar de nuevo a la Celtiberia y comprender mejor cómo se mezclaron las identidades locales con el poder militar de Roma. Una prueba más de que la historia también se reconstruye a partir de fragmentos que, durante años, parecían haber quedado en silencio.