¿Sabías que en Zaragoza se detectaron fibras plásticas en el aire?

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¿Sabías que en Zaragoza se detectaron fibras plásticas en el aire?

¿Sabías que en Zaragoza se detectaron fibras plásticas en el aire? 1500 948 Aragón Investiga

Cuando pensamos en microplásticos, lo habitual es imaginarlos en el mar, en los ríos o en los alimentos. Sin embargo, estas pequeñas partículas también pueden estar presentes en un lugar mucho más cercano e invisible: el aire que respiramos.

Un estudio de la Universidad de Zaragoza detectó por primera vez fibras plásticas suspendidas en el aire de la capital aragonesa. El hallazgo muestra que la contaminación por plásticos no solo afecta a los ecosistemas acuáticos o terrestres, sino que también forma parte de la contaminación atmosférica urbana.

La investigación fue realizada por el grupo Química y Medio Ambiente de la Universidad de Zaragoza y publicada en la revista científica Talanta. Sus resultados aportan una nueva mirada sobre la calidad del aire en la ciudad y sobre cómo los residuos plásticos pueden fragmentarse, viajar y acabar formando parte de los aerosoles que nos rodean.

Microplásticos también en el aire urbano

Los microplásticos son fragmentos de plástico de tamaño muy pequeño que proceden de la degradación de objetos más grandes, fibras textiles, envases, bolsas, materiales sintéticos o residuos mal gestionados.

Aunque muchas veces se habla de ellos en relación con el agua, también pueden quedar suspendidos en la atmósfera. En las ciudades, el tráfico, la actividad humana, el desgaste de materiales y la acumulación de residuos pueden contribuir a que estas partículas se incorporen al aire.

En el caso de Zaragoza, los investigadores detectaron fibras de distintos materiales plásticos, como polietileno, tereftalato, poliamida y poliestireno. Estos compuestos están presentes en numerosos productos de uso cotidiano, desde envases y bolsas hasta textiles o materiales sintéticos.

¿Cómo se realizó el estudio en Zaragoza?

Para analizar la presencia de fibras plásticas en el aire, el equipo recogió muestras de aerosoles atmosféricos en filtros de fibra de cuarzo.

La toma de muestras se realizó desde la azotea de la Facultad de Ciencias, en el Campus San Francisco de la Universidad de Zaragoza, durante el invierno y la primavera de 2022.

A partir de esas muestras, los investigadores pudieron estudiar la composición de los aerosoles presentes en el aire. Los resultados mostraron partículas de origen natural, como aluminio, calcio, magnesio, titanio o hierro, y también elementos asociados a la actividad humana, como hollín, plomo, zinc o estaño.

Además, el análisis permitió detectar por primera vez fibras plásticas suspendidas en el aire de Zaragoza.

¿Qué revelan estas fibras plásticas?

El hallazgo no significa que el aire de Zaragoza supere los límites legales de calidad del aire. De hecho, los resultados del estudio señalan que los aerosoles analizados se encontraban dentro de los límites establecidos por la normativa europea.

Sin embargo, la presencia de fibras plásticas es relevante porque ayuda a comprender mejor un tipo de contaminación que todavía se está estudiando.

Estas fibras pueden proceder de residuos plásticos acumulados, fragmentación de materiales, desgaste de textiles sintéticos o transporte atmosférico desde otras zonas. Una vez en el aire, pueden desplazarse con el viento y depositarse en otros lugares, incluso a largas distancias.

En una ciudad como Zaragoza, el cierzo puede contribuir a limpiar la atmósfera, pero también puede transportar partículas y contaminantes atmosféricos

La participación de la Universidad de Zaragoza

La investigación fue desarrollada por el grupo Química y Medio Ambiente de la Universidad de Zaragoza, liderado por Jesús Anzano, catedrático de Química Analítica.

Este grupo ya había trabajado previamente en la detección de microplásticos en otros entornos, como la Antártida, lo que muestra la importancia de aplicar técnicas analíticas avanzadas para estudiar contaminantes emergentes.

En el caso de Zaragoza, el estudio permitió trasladar ese conocimiento al análisis del aire urbano. La investigación surgió a partir del trabajo académico de Juan Buil García, exalumno del Grado en Química, y posteriormente fue publicada en una revista científica especializada en Química Analítica Aplicada.

¿Por qué es importante estudiar los microplásticos?

Los microplásticos se han convertido en una preocupación ambiental global porque son persistentes, se dispersan con facilidad y pueden aparecer en medios muy distintos.

Estudiar su presencia en el aire permite ampliar la visión sobre este problema. No se trata solo de plásticos visibles en calles, ríos o vertederos, sino de partículas pequeñas que pueden viajar, acumularse y formar parte del entorno cotidiano.

Además, detectar estas fibras ayuda a plantear nuevas preguntas: ¿de dónde proceden exactamente?, ¿cómo se transportan?, ¿qué factores aumentan su presencia?, ¿qué efectos pueden tener en la salud y en el medio ambiente?

Responder a estas cuestiones requiere más investigación, pero este estudio supone un primer paso para comprender mejor la presencia de microplásticos en la atmósfera urbana.

Una llamada a gestionar mejor los residuos

El estudio también invita a reflexionar sobre el uso y la acumulación de plásticos en la ciudad.

Una bolsa, un envase o un residuo plástico abandonado no desaparece sin más. Con el tiempo puede fragmentarse en partículas más pequeñas, incorporarse al suelo, al agua o incluso al aire.

Por eso, reducir el uso innecesario de plásticos, mejorar la gestión de residuos y evitar su abandono en el entorno son medidas importantes para limitar su impacto.

Zaragoza como laboratorio urbano

La detección de fibras plásticas en el aire de Zaragoza muestra cómo una ciudad puede convertirse en un espacio de investigación ambiental.

Analizar lo que respiramos permite conocer mejor la relación entre actividad humana, residuos, meteorología y calidad del aire. También ayuda a identificar contaminantes emergentes que todavía no forman parte de la conversación cotidiana, pero que pueden tener relevancia en el futuro.

En definitiva, este estudio de la Universidad de Zaragoza demuestra que los microplásticos no solo están en mares y ríos. También pueden estar suspendidos en el aire urbano, formando parte de una contaminación invisible que la ciencia empieza a medir con más precisión.

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