En una época en la que el acceso al conocimiento estaba vetado para la inmensa mayoría de las mujeres, una joven zaragozana de apenas 17 años desafió todas las normas establecidas. Se llamaba Andresa Casamayor, vivía a la sombra de la Basílica del Pilar y, bajo un ingenioso disfraz masculino, publicó en 1738 la primera obra científica escrita por una mujer que se conserva en España. Su historia no es solo un relato del pasado; es el cimiento sobre el que se construye la vocación de muchas investigadoras aragonesas actuales.
Zaragoza, 1720: El nacimiento de una mente brillante
Para entender la magnitud de su logro, hay que viajar al Aragón del siglo XVIII. Andresa Casamayor y de La Coma nació en 1720 en Zaragoza, en el seno de una familia acomodada de comerciantes textiles. En aquel entonces, la educación femenina se limitaba, con suerte, a leer, escribir y las labores del hogar. Las matemáticas y la ciencia eran terreno exclusivo de hombres.
Sin embargo, el ambiente de la Ilustración Aragonesa empezaba a permear en la ciudad. Andresa tuvo la fortuna de recibir una educación inusual para su género, probablemente apoyada por su padre, quien entendía que las matemáticas eran esenciales para el comercio. Lo que nadie esperaba era que esa niña no solo aprendiera los números, sino que los dominara con una destreza pedagógica superior a la de los maestros de su tiempo.
El «Tyrocinio Arithmetico»: Matemáticas para la vida real
Con solo 17 años, Andresa escribió su obra maestra: el «Tyrocinio Arithmetico, Instrucción de las quatro reglas llanas».
A diferencia de los tratados académicos de la época, escritos en latín y llenos de teoría abstracta, el libro de Andresa era revolucionario por su carácter práctico. Estaba escrito en un lenguaje claro y directo, pensado para que la gente común —comerciantes, agricultores y artesanos de Aragón— pudiera aprender a manejar las cuentas de sus negocios, evitar engaños en los cambios de moneda y gestionar sus economías.
El libro abordaba sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, pero aplicadas a problemas reales de pesas, medidas y monedas de la Corona de Aragón. Fue un temprano ejemplo de lo que hoy llamamos divulgación científica y transferencia de conocimiento a la sociedad.
El secreto del nombre: Casandro Mamés de La Marca y Araioa
Aquí reside una de las curiosidades más potentes de su historia. Andresa sabía que, por el simple hecho de ser mujer, su libro sería rechazado o ignorado por los círculos académicos. Para sortear la censura social, recurrió al ingenio matemático.
Publicó el libro bajo un pseudónimo masculino: Casandro Mamés de La Marca y Araioa. Si reordenamos las letras de este nombre (un anagrama perfecto), obtenemos su verdadera identidad: María Andresa Casamayor de La Coma.
Gracias a esta astucia, el libro recibió las licencias necesarias y pudo ser impreso. No fue hasta mucho tiempo después que los historiadores, tirando del hilo de este juego de palabras, confirmaron quién era la verdadera autora detrás de «Casandro».
Una segunda obra perdida y un final en la sombra
Sabemos, gracias al cronista y bibliógrafo aragonés Félix de Latassa, que Andresa escribió un segundo libro titulado «El Para sí solo», un manuscrito de aritmética avanzada de casi 400 páginas. Desgraciadamente, esta obra nunca llegó a imprenta y hoy se considera perdida.
A pesar de su brillante juventud, la vida de Andresa no fue fácil. Tras la muerte de su padre y el declive económico familiar, tuvo que trabajar para subsistir. Se cree que dedicó gran parte de su vida a la enseñanza de niñas en las escuelas públicas de la ciudad, posiblemente cobrando salarios muy inferiores a los de sus colegas masculinos. Murió en 1780 en Zaragoza, y fue enterrada en la Iglesia del Pilar, dejando un legado que tardaría siglos en ser reconocido.
El legado de Andresa hoy: Referente del 11F
Hoy, Aragón ha recuperado la memoria de su científica pionera. Una calle en Zaragoza, un colegio y un centro de educación llevan su nombre. Pero su mayor victoria es haberse convertido en un símbolo.
Cada año, durante la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia (11F), su nombre resuena en las aulas. Iniciativas como las que impulsa la Fundación Ibercivis o la Universidad de Zaragoza utilizan su figura para recordar a las niñas que la ciencia también es suya. Andresa rompió el techo de cristal cuando ni siquiera existía nombre para ello.
¿Sabías que…? El único ejemplar que se conserva de la primera edición del Tyrocinio Arithmetico está custodiado en la Biblioteca Nacional de España. Es una pequeña joya de bolsillo que demuestra que el talento científico en Aragón tiene raíces profundas y, desde el principio, nombre de mujer.
Fuentes:
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Fuente Primaria (El libro original): Digitalización del «Tyrocinio Arithmetico» en la Biblioteca Nacional de España.
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Contexto local (Unizar/Ibercivis): Uso de su figura en divulgación (Documental).
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🔗 Web oficial del documental «La mujer que soñaba con números» (Proyecto con participación de Unizar y Gobierno de Aragón).
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