María Moliner Ruiz, nacida en Paniza (Zaragoza) en 1900, fue una bibliotecaria, filóloga y lexicógrafa cuya labor transformó para siempre el estudio de la lengua española. Desde muy joven mostró una gran inclinación por el conocimiento y la lectura, lo que la llevó a estudiar en la Universidad de Zaragoza y, posteriormente, a ingresar en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, una de las instituciones culturales más prestigiosas de la época.
Su madre decidió dejar Madrid en 1915 y regresar a Aragón, donde tenía algunas tierras y el apoyo familiar. La familia salió adelante en buena parte gracias a la ayuda económica de María, que, se dedicó a dar clases particulares de latín, matemáticas e historia.
Durante la Segunda República, Moliner participó activamente en proyectos educativos y culturales, especialmente en el Plan de Bibliotecas Rurales cuyo objetivo era llevar libros y formación a los pueblos más pequeños de España (un programa con instrucciones de servicio de pequeñas bibliotecas, para dotar a cada pueblo de España de una pequeña biblioteca. Logró abrir más de 5500). Su compromiso con la educación pública y la democratización del conocimiento se convirtió en una de las señas de identidad de su vida profesional. Sin embargo, tras la Guerra Civil, sufrió depuración franquista del magisterio español, bajando 18 niveles en el escalafón del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. A pesar de ello, continuó trabajando con una constancia admirable.
Su obra más importante, y la que la consagró como una figura única en la historia de la lexicografía, fue el Diccionario de uso del español (DUE). Lo elaboró prácticamente sola, en la mesa del salón de su casa y fuera del horario laboral con una pluma “Mont Blanc” y una máquina de escribir Olivetti Pluma 22. El trabajo que pensó inicialmente realizarlo en dos años finalmente se extendió hasta 15, comprendiendo una obra dividida en dos tomos y compuesta de 3.000 palabras.
Este diccionario no solo define palabras, sino que explica su uso real, ofrece ejemplos, sinónimos, familias léxicas y matices de significado (anticipó la ordenación de la Ll en la L y de la Ch en la C, criterio que la RAE no siguió hasta 1994 o añadió términos de uso ya común pero que la Real Academia Española no había admitido, como «cibernética»). Frente al enfoque más académico del diccionario de la RAE, el de Moliner destaca por su claridad, su enfoque práctico y su utilidad para hablantes reales. Es, en esencia, un diccionario pensado para ayudar a comprender y usar mejor la lengua. La primera edición (y la única original autorizada por ella) se publicó en 1966-1967.
El DUE se convirtió en una obra monumental, reconocida por lingüistas, escritores y profesores como una de las aportaciones más valiosas al estudio del español en el siglo XX. Gabriel García Márquez escribió “hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. Se llama Diccionario de uso del español, tiene dos tomos de casi 3000 páginas en total, que pesan tres kilos, y viene a ser, en consecuencia, más de dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua, y —a mi juicio— más de dos veces mejor”.
A pesar de su enorme mérito, María Moliner nunca fue elegida miembro de la Real Academia Española, un hecho que hoy se considera una injusticia histórica. Fue una académica sin sillón, se desconoce si por el hecho en su momento de ser mujer y no ser filóloga, a parte de los cuestionamientos al Diccionario de la RAE. En 1973 la Real Academia Española le otorgó, por unanimidad, el premio Lorenzo Nieto López «por sus trabajos en pro de la lengua», premio que fue rechazado por María Moliner.
En el 40 aniversario de su fallecimiento el Director de la RAE dijo «Me apeno de que no fuera académica cuando bien lo merecía por el trabajo que hizo, y me alegra celebrar y reconocer los enormes méritos de su obra. No es la RAE la culpable de un machismo recalcitrante que existía desde hace mucho y que se podía haber paliado cuando apareció María Moliner.»
