El sector porcino es uno de los motores económicos más potentes de España. Nuestro país se posiciona como el primer productor de toda Europa y el tercero a nivel mundial. Dentro de este escenario de liderazgo indiscutible, Aragón encabeza la producción nacional, convirtiendo a esta industria en un pilar absolutamente estratégico tanto para la economía regional como para la vertebración del territorio.
Sin embargo, este liderazgo conlleva grandes responsabilidades y retos mayúsculos. Uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta la ganadería moderna en todo el mundo es la dependencia de los tratamientos antimicrobianos. Para garantizar el futuro del sector, mejorar el bienestar animal y proteger la salud pública, es urgente encontrar alternativas viables. Y es precisamente desde Aragón desde donde se está liderando una de las iniciativas científicas más ambiciosas de Europa para lograrlo.
El reto sanitario: la amenaza silenciosa del Streptococcus suis
Para entender la magnitud del proyecto que se lidera desde nuestra comunidad, primero debemos conocer al enemigo. Se trata del Streptococcus suis (S. suis), una bacteria patógena que representa un verdadero quebradero de cabeza para las explotaciones ganaderas.
Esta bacteria es capaz de causar infecciones sistémicas de extrema gravedad en los cerdos. Su impacto es devastador, ya que constituye una de las principales causas de mortalidad en lechones lactantes y en aquellos que se encuentran en fase de transición. Pero el problema no termina ahí, puesto que también afecta directamente a las cerdas reproductoras y a los animales en fase de engorde.
Las cifras de su impacto en el continente europeo son contundentes y reflejan la urgencia de encontrar una solución:
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Alta prevalencia: Se estima que entre el 60% y el 80% de las granjas europeas presentan algún grado de afectación clínica por este patógeno.
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Impacto económico: Las pérdidas y costes directos asociados a esta bacteria rondan los 150 millones de euros anuales en toda Europa.
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Riesgo zoonótico: El S. suis no solo afecta a los animales. Es un agente zoonótico, lo que significa que puede transmitirse a los seres humanos. En las personas, puede provocar enfermedades graves como meningitis, septicemia y endocarditis, siendo una amenaza particular para los trabajadores que están en contacto directo con los cerdos o con productos porcinos sin cocinar.
La resistencia a los antibióticos: un problema global
Hasta la fecha, la ausencia de una vacuna que sea verdaderamente eficaz contra esta bacteria ha provocado que el sector tenga que recurrir de forma masiva a los tratamientos farmacológicos tradicionales.
Los datos son reveladores: más del 50% de los antibióticos que se utilizan en algunas explotaciones ganaderas se destinan única y exclusivamente a intentar controlar al Streptococcus suis. En situaciones críticas, cuando se producen brotes de cepas especialmente virulentas, este porcentaje puede dispararse hasta alcanzar el 80%.
Esta enorme presión antibiótica sostenida en el tiempo ha traído consigo una consecuencia muy peligrosa que preocupa a las autoridades sanitarias a nivel global: la aparición de cepas multirresistentes. Si las bacterias se vuelven inmunes a los fármacos, perdemos nuestra principal herramienta de defensa.
Nace el Proyecto EPIG: Ciencia aragonesa con impacto europeo
Para romper este círculo vicioso y encontrar alternativas sostenibles, ha nacido el proyecto europeo EPIG (Ecology of Pathogenic Streptococcus suis and their Interactions with Microbiota and Pig Immunity).

Jesus Arenas imagen de Unizar
Este ambicioso estudio está liderado en España por investigadores de nuestra tierra. Al frente se encuentra el profesor de la Universidad de Zaragoza Jesús Arenas, quien es miembro del Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2), un centro mixto de investigación de excelencia impulsado por UNIZAR y el CITA de Aragón.
El equipo aragonés no trabaja solo. Cuenta con la colaboración de investigadores de primer nivel como los profesores Raúl Mainar y María Mar García (ambos del IA2), y la investigadora Pilar Jiménez de Bagüés (CITA e IA2). Además, para asegurar que la investigación científica tenga una aplicación real y práctica en el sector, el proyecto cuenta con el apoyo directo de la empresa aragonesa Cuarte SL, a través de los especialistas Celia Martinez, Daniel Crespo y Jorge Cambra, demostrando un firme compromiso empresarial con la investigación y el bienestar animal.
Un consorcio internacional de excelencia
El proyecto EPIG, financiado por MICIU/AEI (10.13039/501100011033) y cofinanciado por la Unión Europea con una dotación de 1,8 millones de euros, ha logrado unir a entidades punteras de varios países europeos.
| País | Institución Participante |
| España | Universidad de Zaragoza-IA2 y Cuarte SL |
| Alemania | Universidad de Leipzig |
| Países Bajos | Universidad de Wageningen e Instituto BioVeterinaria |
| Reino Unido | Universidad de Cambridge |
| Noruega | Norsvin |
La estrategia: cómo vencer a la bacteria sin fármacos
El proyecto EPIG no busca un parche temporal, sino una solución integral. Para ello, el equipo investigador está desplegando una estrategia multifacética y altamente tecnológica que combina varias disciplinas científicas:
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Genómica avanzada y epidemiología: El objetivo es desentrañar los determinantes moleculares de la bacteria para entender exactamente cómo funciona la infección a nivel genético.
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Análisis de heredabilidad: Se estudiará la genética del hospedador (el cerdo) para analizar si la susceptibilidad a la infección y la capacidad de transmisión del patógeno tienen un componente hereditario.
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Herramientas diagnósticas y vacunas: Se evaluará la función de proteínas específicas presentes únicamente en las cepas más patógenas. Esto tiene un doble valor: permitirá diferenciar con precisión entre cepas virulentas y no virulentas (mejorando el diagnóstico) y sentará las bases para el diseño de nuevas vacunas eficaces.
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Trabajo de campo: Gracias a la colaboración con Cuarte SL, se analizará la presencia de los genes de la bacteria directamente en explotaciones comerciales reales. Detectar cómo circulan y se diseminan estas cepas altamente virulentas en el día a día de las granjas es fundamental para diseñar estrategias de control mucho más sostenibles e inteligentes.
El desarrollo de estas alternativas sostenibles representará un antes y un después. No solo mejorará drásticamente el bienestar animal en las granjas, sino que generará un importante beneficio económico para el sector y, lo más importante, protegerá la salud pública al frenar la resistencia a los antibióticos. Una vez más, Aragón demuestra que es posible liderar la economía desde la innovación científica y la sostenibilidad.